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Juez procesó por “difamación” a un hombre que publicó en Internet videos sexuales de su pareja; vivimos en un “gran hermano”, advirtió

escribe Javier Benech.

Un hombre que subió a una página web videos sexuales y fotos de su pareja fue procesado sin prisión por el delito de “difamación”. El juez consideró que con esa conducta violentó “un pacto de confianza que unía a los concubinos” sobre una actividad que desarrollaron en la privacidad del “ámbito doméstico”.

La decisión del juez penal de decimonoveno turno, Gabriel Ohanian, no tiene precedentes en Uruguay y ocurrió mientras el tema de la privacidad volvía a ser discutido en todo el mundo tras la filtración en Internet de fotos de celebridades desnudas.

El magistrado consideró que si bien los “avances tecnológicos” han determinado que “la sociedad se ha vuelto panóptica” en una suerte de “gran hermano global”, existen determinados recintos que deben permanecer ajenos al escrutinio del público, como el dormitorio de una pareja, en el que existe “un pacto de reserva explícito”.

Según relata el juez en la sentencia dictada el lunes 8 de setiembre, la pareja vivía en concubinato desde hacía 11 años y tenía un hijo de nueve. Como parte de un juego sexual íntimo comenzaron a filmar videos eróticos con una cámara de uso casero. En febrero de este año el hombre subió al sitio web www.xhamster.com un video de un minuto y medio de duración y seis fotos con escenas de sexo explícito en las que aparecía la mujer.

El 18 de marzo, mientras el denunciado se encontraba en el interior por trabajo, el hijo mayor de la mujer fue advertido por un amigo que su madre aparecía en un sitio pornográfico de Internet. La mujer exigió al hombre que bajase el material, cortó la relación entre ambos y realizó una denuncia penal.

El magistrado consideró que la conducta desarrollada por el hombre encarta en el delito de difamación previsto en el artículo 333 del Código Penal, que establece: “El que ante varias personas reunidas o separadas, pero de tal manera que pueda difundirse la versión, le atribuyere a una persona un hecho determinado, que si fuere cierto, pudiera dar lugar contra ella a un procedimiento penal o disciplinario, o exponerla al odio o al desprecio público, será castigado con pena de cuatro meses de prisión a tres años de penitenciaría, o multa de 80 a 800 unidades reajustables”.

En esta sentencia, a la que accedió Búsqueda, el juez afirmó que “el indagado subió a la web de modo de difundirlos videos íntimos donde su pareja realiza poses y actividades sexuales explícitas, escenas que fueron captadas en la intimidad del ámbito doméstico, en el recinto cerrado y en el marco de un pacto de confianza que unía a los concubinos”.

“La divulgación del material traicionó esa confianza legítima depositada por su mujer, que prestó su consentimiento a la captura de las imágenes en el entendido de que se trataba de un juego de pareja, destinado únicamente a satisfacer su libido”, agrega Ohanian en la resolución.
La mujer declaró prácticamente llorando ante la sede: “Pensé que el destino que iba a dar a las fotos era que él las iba a ver”. Según el magistrado, las explicaciones dadas por el hombre fueron “por demás inconsistentes” y parten del supuesto de que “el error fue que la víctima tomara conocimiento de la difusión de las imágenes y no el hecho en sí mismo”.

“Nunca pensé que las pudiera ver alguien que nos conociera”, declaró ante el juez y el fiscal de la causa.

En un pasaje de la sentencia, Ohanian cita al catedrático en Derecho Penal Miguel Langón para describir el daño que este tipo de conductas puede generar en la persona que las sufre. “La persona deshonrada pierde en buena medida la capacidad de seguir relacionándose con los demás en la misma forma en que antes lo hacía, pues se desconfiará de él, instalándose una mácula prácticamente indeleble, que, como el estigma o marca de Caín, lo acompañará probablemente por siempre”, opina.

“Sociedad panóptica”. En la sentencia, el magistrado opina sobre el rol de la tecnología en la sociedad y su incidencia en el derecho a la intimidad. Según el juez, “los avances tecnológicos han determinado cambios sociales importantes” al punto que “prácticamente cada cosa que ocurre en la vida de un individuo queda registrada y luego se difunde en las diversas redes”.

Por ejemplo, menciona que la página web a la que fueron subidas las fotos de la mujer contaba con 1.300 visitas al momento en el que se dio de baja el material. “Y no hay garantía de que un tercero no lo grabara y eventualmente pueda volver a subirlo, ya que por la conducta del indagado las imágenes de la denunciante pasaron al dominio de la red”, advierte.

“Los espacios públicos en la actualidad no tienen reserva alguna y aquel que se exhibe de cualquier forma en ellos asume que su actuación quede registrada y sea eventualmente difundida”, considera.

“La sociedad se ha vuelto panóptica, en una suerte de ‘gran hermano global’ que vigila todos los movimientos de los individuos, con la posibilidad de inmediata difusión en redes de cada cosa que ocurra”, prosigue. A su juicio, “en principio no existe delito” cuando se captan imágenes “en espacios abiertos donde el riesgo de captación es por todos conocido y asumido”. El juez dice que “el paradigma ha dejado de ser la privacidad y ahora es la exhibición”.

Pero en el caso en cuestión las imágenes no fueron captadas en un espacio público sino “en el dormitorio de la pareja y con pacto de reserva explícito”. Por eso el magistrado resolvió procesar sin prisión al hombre “como autor imputable de la comisión de un delito de difamación”.

Publicado en semanario Búsqueda, el jueves 18 de setiembre de 2014.

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