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En Venezuela todos son comunicadores

Ante la censura de la información, la gente produce las noticias y se ocupa de su divulgación por internet o teléfono celular

Conviértete en un medio de comunicación y organización de lucha”, pidió el dirigente opositor Leopoldo López a todos los que miraran el video que difundió una vez detenido por el gobierno venezolano. Sus palabras se están haciendo realidad y, gracias a las facilidades de internet, a las limitaciones de los medios informativos tradicionales y al fervor de los implicados, la actual crisis venezolana se convirtió en un asunto del que todos opinan y sobre el que todos aportan pruebas. La polémica que desde principio de mes copa las calles de todo el país también se instaló en el ciberespacio.El sitio web del igualmente disidente Henrique Capriles tiene una consigna similar a la de López y llama a no dejar de informar al mundo lo que está sucediendo en el país. “Agotaremos todos los medios posibles para seguir transmitiendo. No dejen de documentar, graben, saquen fotos, que esa es nuestra arma. Envía el link de tu video de youtube o tus foto”, pide un texto en una zona destacada de la web.El clamor es desesperado y entendible en la realidad venezolana, donde encontrar información seria e independiente es complejo: la mayoría de los canales de televisión están controlados por el gobierno, pululan los sitios web parcializados y poco objetivos, y los periódicos que juran independencia están amenazados por la escasez de papel (El Nacional, por ejemplo, está circulando con apenas ocho páginas). A esto se le suma que la señal colombiana NTN24 fue censurada por mostrar imágenes de las manifestaciones del 12 de febrero y que a los periodistas de CNN les retiraron la acreditación por “envenenar con sus mentiras”, según palabras del presidente Nicolás Maduro. Ayer la presidenta de la Sociedad Interamericana de Prensa Elizabeth Ballantine condenó la “censura oficial” que pone en evidencia “el autoritarismo creciente de este gobierno al tratar de gobernar sin transparencia y de espaldas al público”.Por eso los venezolanos se están convirtiendo efectivamente en esos medios de comunicación que pedía López. Filman con sus propios teléfonos celulares y luego distribuyen por YouTube, Facebook, Twitter o cualquier página de internet. Incluso hay quienes colocan cámaras en sus balcones y transmiten en vivo por internet los operativos policiales contra las protestas, mientras miles de tuits con reportes de diferentes zonas copan la red. También en Instagram, la red social donde se comparten fotos, hay una cuenta llamada @arribavenezuela especialmente dedicada a la difusión de imágenes que tengan que ver con la actualidad social. Entre tantos mensajes también circulan algunos especialmente fundamentales pues contienen las claves de acceso a las redes WiFi de los principales lugares públicos donde hay protestas, para que nadie se quede sin conexión para transmitir lo que sucede. Pero además –y esto no había pasado en revoluciones de este estilo– los que se manifiestan ahora cuentan con Whatsapp. Gracias a esa aplicación para teléfonos móviles, comparten con sus contactos todo tipo de imágenes, filmaciones, textos y notas de audio de un modo práctico y fácil. Los periodistas extranjeros que no están en el terreno y dependen solo de los medios de prensa ya no tienen que estar tan pendientes de lo que estos publiquen: les alcanza con tener algún “infiltrado” en la realidad venezolana que sea lo suficientemente confiable y comunicativo como para ir teniéndolos al corriente de la situación.El peligro, claro está, es que se reproduzca información que no sea cierta. Es que, como con solo apretar un botón alcanza para pasarle a otro un video, este puede ir circulando de teléfono en teléfono y tal vez nunca se sepa cuál sea su origen. Y eso efectivamente sucedió cuando medios de prensa como ABC o El País de España reprodujeron como actuales fotos que eran de Egipto o Chile. Por Twitter igualmente se compartieron imágenes de represión y muerte que eran de Siria, España o Brasil. “No vamos a permitir este tipo de manipulaciones”, adelantó la ministra de Comunicación, Delcy Rodríguez, hace unos días en conferencia de prensa.Prevenidos contra los ataquesSin esperar a que los mismos que distribuyen información falsa se retractaran, el gobierno venezolano cortó por lo sano y, según denunció el vocero de Twitter Nu Wexler, por orden del gobierno la semana pasada dejaron de circular las fotos de las protestas. Además, algunos sitios web llevados adelante por opositores fueron dados de baja temporalmente. Un problema similar se registró con algunos videos publicados en YouTube, que horas después de su divulgación desaparecieron o quedaron inaccesibles porque “pueden contener material inapropiado para algunos usuarios”.La estrategia no es nueva y, de acuerdo con el periodista venezolano Luis Carlos Díaz, ya se utilizó con algunos blogs en 2010 o con sitios web que en 2013 divulgaban información política o sobre el tipo de cambio del dólar. Y estos controles y censuras no hacen más que favorecer el crecimiento de Whatsapp y Zello, hasta donde no han llegado los controles. De todas formas, y por si en algún momento el mentado “cerco informativo” amenaza también a esos medios privados, los venezolanos aún instan a no abandonar las manifestaciones públicas para expresar su descontento. “¡Si los medios callan, que la calle hable!”, dicen varias pancartas que cuelgan en diversas ciudades.

Zello: el walkie talkie que usan los opositores
Si en gran medida las revueltas de la Primavera Árabe de 2010 fueron favorecidas por Twitter y los disturbios de Londres de 2011 crecieron gracias al sistema de mensajería privada de BlackBerry, la herramienta tecnológica que hoy destaca en Venezuela es Zello, una aplicación para teléfonos inteligentes que en una semana fue descargada por 150.000 usuarios en ese país.Zello permite transformar el teléfono en un walkie talkie que se conecta a distintos canales, como si fuera un transmisor de radio. Cada uno de esos canales tiene un nombre (“Venezuela Libre”, “SOS Venezuela”, por mencionar algunos) y puede ser de acceso libre o con contraseña. En ellos todos escuchan las conversaciones o pueden intervenir cuando quieran con apenas presionar un botón y hablarle al parlante para que todos los demás escuchen. Los diálogos son de los temas más variados, desde quienes informan de la situación en los distintos puntos del país hasta los que arengan para salir a hacer barricadas, recomiendan libros o insisten en no permitir que la gente se vaya de vacaciones por el carnaval. Esta mañana, por ejemplo, unos discutían sobre cuál sería la mejor acción para ese día, algunos sugerían poner miguelitos, otros pedían marchas pacíficas y no faltaba un recurrente que llamaba a “cubrir de mierda” a los oficialistas. Los demás insistían en callarlo y en buscar alternativas.Más tarde, uno comenzó a divulgar un documental de Gene Sharp titulado “Cómo empezar una revolución” que circula por youtube. “Hermanos, los pilares están claros: hay que volver locos a este gobierno, guarimba y más guarimba para esta gente”, pedía Bulk_libertador, que se unió a la cruzada del usuario anterior. La guarimba, según explicó ahí mismo, es un refugio pacífico que consiste en trancar las calles y refugiarse y, si se presenta la policía, no confrontar. “Es una manifestación pacífica que no causa bajas porque estás enguarimbado”, insistía.

En seguida, otros comenzaron a propalar la idea de bloquear los accesos a los metros.

El observador, 26 de febrero de 2014

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