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Irrestricta libertad de prensa

En la semana que expira, quiero resaltar dos hechos vinculados con el papel de la prensa, la libertad de información, el pluralismo, la objetividad y la manipulación de las noticias.

 I.- El lapsus de Maduro

En su edición del martes, el diario Clarín tituló: “Otro lapsus de Maduro: ‘Los capitalistas especulan y roban como nosotros’”. El entrecomillado implica una cita textual, por lo que es de suponer que el presidente venezolano había dicho exactamente: “los capitalistas especulan y roban como nosotros”.

Confieso que no soy admirador incondicional de Nicolás Maduro; como tampoco lo soy de Hugo Chávez, aunque reconozco que este último fue un caudillo y un estadista formidable y que sigue siendo un referente de este siglo XXI en que América Latina parece empezar a despertar.

No me gusta el estilo un tanto ampuloso del discurso chavista y madurista y más de una vez he sentido vergüenza ajena al oír ciertas expresiones que podría catalogar de cursis. Del mismo modo, el episodio del diálogo mantenido con un pajarillo que sería el fantasma de Chávez o el descubrimiento, en una pared del subte de Caracas, del rostro del extinto mandatario resultan francamente ridículos. Asimismo, me reí bastante con el lapsus lingue cometido por Maduro cuando habló de la “multiplicación de los penes”.

De todos modos me costaba creer que el presidente venezolano hubiera cometido tamaño yerro, por lo que me preocupé por informarme más al respecto y me encontré con la siguiente información que transcribo de Página 12:

“‘¡Atención, comerciantes de este país, pequeños y medianos! -comenzó el sucesor de Hugo Chávez su alocución-. Esos comerciantes que ustedes conocen son tan víctimas del capital, de los capitalistas que especulan y roban, como nosotros; como la gente que trabaja, como la gente que estudia’”, completó la idea Maduro. Parte de la cita, que los medios opositores de aquí y de allá aprovecharon para sacar de contexto, fue usada como título para señalar que Maduro había cometido un lapsus en su discurso.

No es frecuente encontrar ejemplos tan groseros de manipulación de la información, en que la descontextualización pasa a ser tergiversación lisa y llana cuando en el entrecomillado se omiten vocablos y signos de puntuación que desvirtúan por completo el mensaje.

II.- ¡Qué tupé!

Este no es un caso de tergiversación ni de manipulación. Por tanto, nada hay que objetar en ese sentido, pero la edición del matutino El País del miércoles 27 me llenó de estupor.

¿Por qué? Pues, porque en la portada se publicó una fotografía de buen tamaño del estrado que presidió el acto del Obelisco de 1983 y en el cuerpo del diario, se dedicó una página a rememorar aquel hito formidable de lucha contra la dictadura.

Cualquier lector desprevenido podría pensar que El País mantuvo una postura digna ante el atropello a las instituciones, como lo hizo El Día, en cuya página de opinión un retrato de José Batlle y Ordóñez ocupaba el espacio habitual del editorial central.

Pero quienes tenemos buena memoria (ojos en la nuca, como diría Sanguinetti) no podemos menos que sonreír con una cierta dosis de perplejidad y -por qué no- de indignación ante la voltereta de El País.

Cómo cambian los tiempos ¿no? El diario que apoyó calurosamente el ‘proceso cívico-militar’, tanto editorialmente como informativamente, que ensalzó al gobierno de facto, que justificó la represión, que cantó loas a Videla y a Pinochet, que se sumó a la campaña contra el líder blanco Wilson Ferreira Aldunate, un tiempo después, ese mismo medio de prensa, con cara de yo no fui, atraviesa la calle subrepticiamente para caminar por la vereda de enfrente uniéndose a quienes fueron proscriptos, perseguidos, encarcelados y torturados por su valiente postura contra la dictadura.

Yo espero que, así como la Iglesia Católica reconoció públicamente los crímenes de la Inquisición y las aberraciones cometidas en nombre de la fe, este medio de prensa algún día proceda a un mea culpa por su actitud durante los años de plomo.

Mientras ello no ocurra, tengo derecho a repetir el título de un famoso editorial de hace casi cien años: ¡Qué tupé!

 

La República, 01 de diciembre de 2013 – Julio Guillot

 

 

 

 

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