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“Uruguayos go home” (“yanquis are fantastic”)

El proyecto de ley de medios grava las producciones audiovisuales uruguayas y, so pretexto de promoverlas, les agrega exigencias y cargas que condicionan su desarrollo y hasta su viabilidad.

El proyecto de ley de medios grava las producciones audiovisuales uruguayas y, so pretexto de promoverlas, les agrega exigencias y cargas que condicionan su desarrollo y hasta su viabilidad.

*Jorge De Feo fue responsable de canal 10 entre 1967 y 2003. Es asesor de la señal A+V desde 2011 a la fecha

Las disposiciones del proyecto referidas a la televisión abierta, a las empresas de televisión por abonados, a las productoras, y a todos los que quieran producir contenidos audiovisuales, reglamentan limitando –a vía de ejemplo y sin agotarlos– cantidad y característica de la publicidad, los horarios y contenidos de las programaciones, las obligaciones de producciones imposibles de cumplir, y olvidan que la época en que la opción de la audiencia se limitaba a tres canales privados y uno público, por suerte, ha sido totalmente superada y no tienen en cuenta que el desarrollo tecnológico ha provocado un tsunami digital, que apareció el control remoto, que se ha generalizado, que internet es una fuente inagotable de audiovisuales, que hasta la telefonía celular con sus smartphones las reproduce y produce, y que en definitiva la que define es la audiencia que con un clic cambia de señal o la modalidad en que se vincula con la información.

Hoy los espacios para la producción de audiovisuales uruguayos y su difusión enfrentan una competencia a nivel global.

El proyecto no tiene en cuenta a los actores con posición dominante en el mundo globalizado, Google, Facebook, Apple, Directv; tampoco tiene en cuenta las señales de TV para abonados –ESPN con tres señales de deportes, CNN con sus diferentes propuestas para las comunidades según la lengua, HBO, dedicado al segmento de cine y series, entre otras muchas–, imperios de la era digital con un poder económico muy superior al de muchos países del mundo, con los que las producciones uruguayas compiten por la atención de la audiencia.

Razón suficiente para que el Estado y las leyes las promuevan para hacerlas viables, en lugar de imponerles cargas y limitaciones.

Algunos ejemplos demuestran la irrealidad de cómo se ha concebido el proyecto:

Pretende gravar con cánones mensuales además de leyes sociales, impuestos sobre la publicidad, etcétera, ya vigentes, que no pagan las señales extranjeras ni las nuevas competencias por el mercado de la publicidad –Google, por ejemplo–, que emiten avisos de marcas presentes en Uruguay, lo que reduce considerablemente la inversión de esas empresas en el medio.

Plantea la imposición de sanciones y multas con el agravante que, por la casuística y la subjetividad de la norma propuesta, no quedan claros sus alcances o las conductas que las ameritan.

Respecto a los horarios en que se deben emitir los programas según sus contenidos, no se ha tenido en cuenta, por ejemplo, que los programas al alcance de la audiencia se reciben de husos horarios diferentes, que es muy fácil grabarlos y verlos a cualquier hora.

Las limitaciones en relación a los programas para menores no tienen en cuenta la existencia de señales especialmente para niños como Discovery Kids, Cartoon Network, etcétera, que no tienen las limitaciones que se exigen para los programas para niños en el Uruguay, señales en un claro proceso irreversible de preferencia.

Y, para frutilla de la torta, el artículo 51, del que tomamos lo sustancial de uno solo de sus párrafos: “Un mínimo de 2 horas por semana de la programación emitida deberán ser estrenos de ficción televisiva y o películas cinematográficas…”.

La obligación que pretende decretar de dos producciones –o dos horas de producción– quiere imponer que, en cantidad, Uruguay se transforme en algo parecido a Hollywood. La ficción es imaginar que eso es posible; calculemos: suponiendo que sean 25 canales entre públicos y privados en todo el país; “2 horas por semana” entendiendo en un esfuerzo que cada hora es una producción, entonces hablamos de dos producciones por semana por 25 canales, por 52 semanas por año, ¡entonces se trata de 2.600 producciones por año!

Número que además será superado en razón del llamado a más operadores para televisión digital, ¡inverosímil!

Retomamos las citas del libro que mencionamos antes de Eduardo Arriagada “Si entendemos lo que viene nos daremos cuenta de que no tiene sentido hacer una ley que fuerce a la TV abierta a tener variedad. Eso lo dará la tecnología sin necesidad de ninguna ley. El desafío es asegurar producción… de calidad”. Cualquier disposición que obligue a las producciones nacionales y que no pueda imponerse a las producciones extranjeras constituye una inequidad inadmisible (1). l

(1) Arriagada, Eduardo. Tsunami digital capítulo 6, Radio y televisión. Posición 1789. Digital, Amazon

 

El Observador, 22 de agosto de 2013

 

 

 

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