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Los medios y la información

Cuando estamos discutiendo la ley de medios y ya se han alzado voces que hablan de cercenamiento de la libertad de prensa, nos parece oportuno recordar algo que escribió el pensador español Fernando Savater –alguien a quien nadie osaría catalogar de izquierdista totalitario– en su libro “La aventura del pensamiento”:

“Nos llega una cantidad de información enorme, por ejemplo por Internet. Pero esa enorme masa de información a veces es cierta, a veces es falsa, a veces es irrelevante, a veces es importantísima, a veces está fundada, a veces infundada. El problema no es recibir información, hoy todo el mundo tiene más información de la que puede manejar; el problema es orientarse de tal manera que la información sirva para algo, y no sirva solamente para ahogar a la persona. Entonces, la filosofía es la pretensión de que hay que crear un marco dentro del cual entre lo relevante y que de alguna manera sirva de muralla contra lo irrelevante, contra lo trivial, contra lo engañoso. El tamiz. El criterio, o sea, lo que la palabra criterio quiere decir. Criterio significaba cedazo; sobre él se pasan de alguna manera las cosas para saber con qué nos quedamos y con qué no”.

Sería muy peligroso que ese tamiz, ese criterio de que habla Savater, fuera fijado por el Estado, pero nos parece imperioso buscar la manera de que, por consenso, se llegara a adoptar uno que todos los medios respetaran; y fundamentalmente, lograr que los ciudadanos tengan el suficiente espíritu crítico que les permita tamizar todo el fárrago informativo que propalan los medios, de modo de poder jerarquizar las noticias. Es esta una tarea que debe cumplir el Estado por medio de la educación.

En cierta medida, la información brindada por los noticieros televisivos está jerarquizada, lo está pero según el criterio de cada empresa; y ya sabemos cuáles son los parámetros o las pautas culturales e ideológicas por las que se guían los permisarios de las ondas hertzianas, cuyo único fin es el lucro.

No se trata de sustituir un criterio por otro, porque, como bien dice Savater, “los dogmas no son concluyentes, sino ocluyentes: taponan el libre juego de nuestros sentidos y la libertad de nuestra razón”. Y más adelante agrega: “La certeza incuestionable decretada por la autoridad, a la que no hemos llegado por nuestro propio esfuerzo, como llega a la playa el nadador exhausto, es más asfixiante que la serie asfixiante de las dudas”.

De lo que se trata, entonces, es de que la educación tenga como una de sus metas principales la formación integral del individuo promoviendo su juicio crítico propio.

 

La República, 19 de agosto de 2013

 

 

 

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