/ El País / La mucha información

La mucha información

En la actualidad, el alud de información que recibimos es de proporciones infinitas. Y, sin darnos cuenta, nos llegan tantos datos que son agobiantes. Coinciden al respecto los medios de ingeniería y la información propiamente dicha.

La ingeniería para un abogado formado en viejos tiempos históricos, en una cultura humanística, son avasallantes, y su consecuencia inevitable es el alud de datos. Lo primero tiene nombres propios: la computadora, internet, el celular, el “ipad”, la TV el cable, la radio, la prensa escrita y la telecomunicada , más varios etcéteras. Lo segundo, la información que multiplica largamente la que recibían nuestros abuelos y padres, es consecuencia inevitable de los aparatos y la tecnología.

Fuera de lo cotidiano y las obligaciones corrientes, a lo mejor lo que advierto es una experiencia personal y no universal, y es que uno se siente mentalmente cansado y no sabe a que se debe y se trata de la abrumadora información que percibimos por todos los medios, hasta sin darnos cuenta conscientemente, de que en algún punto le sirve para algo y que en la mayoría… no le sirve para nada. A lo que hay que agregar toda la publicidad restante. Estudiada y armada para que a uno se le metan en la cabeza tentaciones -lo subliminal- sin advertirlo. Muchas formas de comunicación y propaganda, son más o menos perceptibles. Otras no. Y, a quien ingrese a -por ejemplo “Google”- le sugiero que cualquiera sea el propósito de su participación, preste atención y verá que sus páginas están llenas de anuncios, ya que al fin y al cabo los sitios como “Google”, el gran negocio se hace en función de la publicidad que insertan en sus páginas, cosa sobre la cual los usuarios distraídos -que son los más- no se percatan. Cada vez que se pasa por un espacio de correo o información, éstos están llenos de publicidad.

Ante la realidad, en lo que a mi respecta, me resulta abrumadora y una pregunta surge claramente ¿qué hacer? Como decía Martín Fierro, en la vida hay circunstancias en las que es difícil tomar la decisión de quedarse y es díficil tomar la de “juír”. En otras palabras, no hay un camino claro a optar. Para las nuevas generaciones que nacieron con una computadora abajo del brazo, el asunto no es complicado. Nacieron manejando el lenguaje de la computación y la electrónica. Y es correcto decir que es un idioma. Como se dice vulgarmente, agarran las soluciones electrónicas y las manejan con la facilidad que uno puede o podía hacer con una pelota de fútbol. A los más veteranos, a riesgo de quedarnos al costado de la carretera, no nos queda otra actitud que la de aceptar el esfuerzo de compenetrarnos del nuevo lenguaje. Y lidiar con los aparatos y los aparatitos.

Siguiendo a Martín Fierro, lo que está claro es que no se debe “juír”.

Alvin Toffler, uno de los célebres futurólogos que se conocen planetariamente, sostenía que en el mundo al que vamos, el cambio tecnológico dinámico llevará a que en las organizaciones empresariales en vez de ascender la gente por una carrera iniciada desde abajo, va a ocurrir que la gente formada en las nuevas tecnologías ingresará por la cúpula de la organización y luego irá entrando otra gente con conocimiento tecnológicos actualizados que lo desplazará y su destino habrá de ser bajar en vez de subir. De forma tal que lo que habría serían descensos en las carreras funcionales, en vez de ascensos.

 

El País, 15 de agosto de 2013 – Ricardo Reilly Salaverri

 

 

Comments are disabled

Comments are closed.