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Carballo: “Los grandes medios resisten la ley por la ‘torta’ de la publicidad”

La ley de medios regula y democratiza un espacio hasta ahora monopolizado, asegura el diputado Felipe Carballo.

La Comisión de Industria, Energía y Minería de la Cámara de Representantes, avanza en el tratamiento del proyecto de ley audiovisual, que propone una nueva forma de regulación del uso del espacio radioeléctrico y establece mayores exigencias para los titulares de los servicios.

El diputado Felipe Carballo (Lista 711, FA) defiende el proyecto y contrarresta las críticas de la oposición sobre este tema. Considera que puede ser que no sea perfecto ni ideal, pero “es lo mejor que hemos tenido en 50 años”.

¿Por qué es bueno el proyecto enviado por el Ejecutivo?

El proyecto audiovisual en primer lugar viene a ordenar el espacio radioeléctrico, reformulando un modelo que lleva más de 60 años de vigencia.

Hoy la actividad de las radios y canales de televisión abierta y por cable se someten a disposiciones de carácter general y algunas específicas que establecen el uso del espacio radioeléctrico. Es necesario un nuevo orden para el funcionamiento de los medios, para que no pase como en otros países, donde hay permisarios con más de 30 medios y no existe un ordenamiento para la competencia, lo que deja margen a casos de abusos y corrupción. Tenemos que combatir la concentración del sector privado y la existencia de testaferros que participan en este negocio.

El espacio radioeléctrico debe ser regulado por los estados, promoviendo el acceso democrático a la información, permitiendo el desarrollo de una competencia con reglas claras y justas.

¿El Estado intervendría en los contenidos?

Entendemos que se debe acotar el margen de discrecionalidad de los empresarios de los medios en el manejo de los productos audiovisuales, porque la realidad indica que ha prevalecido el afán mercantilista sobre la calidad de los contenidos.

Para empezar, el proyecto garantiza que la familia pueda sentarse frente al televisor junto a sus hijos menores, sin riesgo de que aparezcan escenas violentas o imágenes con contenido sexual. Hoy la tendencia es magnificar los hechos delictivos, haciendo un uso excesivo de imágenes fuertes con el fin de generar sensaciones en el espectador. El proyecto prohíbe esta práctica. Sin embargo, no se impide informar, analizar y discutir, en particular durante programas educativos, informativos y periodísticos, sobre situaciones de violencia, sus causas o sus repercusiones en materia de seguridad ciudadana.

El proyecto también dice que “debe evitarse”, en el horario de protección al menor –que se extiende hasta las 22 horas–, “la exhibición de programas que fomenten el esoterismo, los juegos de azar o las apuestas”.

¿Qué opina de las limitantes a la concentración de medios en pocas empresas?

Este es uno de los pilares del proyecto, ya que detiene el avance de los monopolios y oligopolios y evita nuevas situaciones de concentración de los medios en pocas manos empresariales.

Hay empresarios que cuentan con radios, canales de televisión, diarios y sitios informativos en Internet, y junto a otros que también poseen un conjunto de medios, articulan una estrategia conjunta para eliminar la competencia en el mercado publicitario. Esta práctica antiética debe terminar.

Además, se prohíbe el arrendamiento de radios, algo muy común en estos tiempos. Solo se podrá hacer en forma parcial y no pude cederse a una sola persona, tienen que ser por lo menos dos los arrendatarios y el titular del servicio deberá hacerse cargo del resto de los contenidos.

Otro punto central del proyecto es la regulación de la publicidad.

Esto es clave. El proyecto establece que se podrá emitir un máximo de 15 minutos de mensajes publicitarios por cada hora de transmisión.

La publicidad reparte cerca de 250 millones de dólares anuales y los empresarios de los grandes medios hacen todo lo posible por quedarse con la mayor porción. No reparan en que puede subestimarse a los oyentes y televidentes al pasar tandas que en muchos casos exceden los minutos de programa. Además, se ha hecho habitual el famoso “chivo”, que es nombrar marcas y hacer publicidad solapada de productos y servicios. En un canal abierto nacional, una de estas menciones cuesta alrededor de 25 mil pesos, lo que constituye una tentación para productores y directores de medios pero menoscaba los contenidos cuando esta forma publicitaria se repite.

Cuando los grandes empresarios rechazan este o cualquier proyecto de regulación, es por cuidar el reparto de los 250 millones de dólares en publicidad, de los cuales 100 millones se los lleva la televisión; ese es el gran problema.

Después pasa lo que vemos hoy, hay tandas que exceden los 10 minutos, lo que equivale a media hora de propaganda en medio de un programa de una hora. En adelante las tandas no podrán superar los 5 minutos (en caso de que sean 3 tandas por hora) y no se podrán exhibir marcas durante todo un programa, como una botella de bebida arriba de una mesa; el producto podrá estar, pero sin la etiqueta con la marca.

Muchas cosas a favor de la gente van a cambiar a partir de este proyecto, que no es el ideal ni es perfecto, pero es lo mejor que hemos tenido en 50 años.

La oposición denuncia que el proyecto atenta contra la libertad de prensa.

Todo lo contrario. El proyecto es básicamente garantista de la libertad de expresión en los medios de comunicación. Los primeros 14 artículos establecen con claridad que lo que se busca es establecer un criterio para los contenidos pero no condicionar lo que se dice en los medios. Además, se asegura la libertad para los periodistas, muchos de los cuales hoy día trabajan bajo presión de la dirección del medio y no pueden decir lo que piensan o tratar determinados temas. El proyecto asegura que no habrá despidos abusivos por transmitir opiniones que no concuerdan con los dueños de los canales y las radios. Esto es un gran avance en materia de libertad de expresión.

No se regula la publicidad oficial

Si bien la ley es muy importante, no tiene un solo artículo sobre la distribución de la publicidad oficial cercana a los 40 o 50 millones de dólares por año. De los 250 millones de dólares que se gastan en publicidad al año, la mitad va a la televisión.

 

La República, 19 de julio de 2013

 

 

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