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Puede convertirse en “ley mordaza”

La libertad de expresión no se garantiza sólo con citarla muchas veces como hace el proyecto de ley de medios a estudio del Parlamento. Menos aun se la garantiza cuando se imponen tantas restricciones a los contenidos que su aplicación estricta implicaría el riesgo de establecer la censura o alentar la autocensura.

Aunque José Mujica asegura que no es una “ley mordaza”, en los hechos puede serlo, repleta como está de limitaciones bastante difusas por cierto.

Veamos ejemplos. La ley obliga a las estaciones de radio y televisión a respetar la “igualdad” y la “no discriminación” por poner dos casos que muestran lo difícil que es definir cuándo se vulneran esos principios. Lo mismo pasa cuando se pide que promuevan algo tan abstracto como “la identidad nacional” o cuando se exige que los medios den “una imagen respetuosa e inclusiva de todas las personas en su diversidad” o “apoyen la integración social de grupos vulnerables”.

¿Quién juzga si eso se cumple? ¿Con qué criterios? ¿Cómo se demuestra que una emisora hizo lo suficiente para preservar la “identidad nacional”? ¿Cómo probar que determinado programa no fue “respetuoso” o “inclusivo”?

Tan delicada tarea será de los responsables de los tres organismos creados por la ley: el Consejo de Comunicación Audiovisual, una Comisión Honoraria Asesora y un “ombudsman” o defensor del pueblo. Ellos valorarán si se cumplen esos deberes y otros muchos incluidos en el proyecto. Para dar idea de lo difícil que será su labor baste decir que deberán juzgar, por ejemplo, si en el horario de protección al menor hay casos de “truculencia”, “pornografía” o “fomento de los juegos de azar”.

¿Es truculenta la toma del noticiero que enfoca al cajero de Abitab malherido en un asalto? Y las ardientes escenas amorosas de los teleteatros ¿cuándo dejan de ser eróticas y se tornan pornográficas? Propalar los resultados de la quiniela ¿es fomentar la ludopatía?

En suma, todo dependerá del criterio de estos nuevos jueces de la comunicación que pueden llegar a erigirse en censores lo hayan querido o no las autoridades nacionales que, como el subsecretario de Industria, Edgardo Ortuño, proclaman que en la ley “no hay ni habrá límites a la información sino un cuidado en la forma en que se expresa”. Señor subsecretario: si algo sobra en el proyecto de ley son los límites y respecto a lo del “cuidado en la forma” sería importante que Ud. nos aclarara quién y cómo define en qué consiste ese “cuidado”.

Otras perplejidades plantean las normas sobre la publicidad. Se dice que no se aceptan estereotipos con lo cual volvemos a lo anterior: ¿quién y con qué criterios eliminará de la tanda un aviso por estereotipado? Otro caso: se dispone que “las figuras, muñecas y similares que son elementos importantes en programas para niños” no aparezcan en la publicidad. Así, en nombre de la protección de los infantes será difícil que alguien financie programas infantiles que, en consecuencia, irán dejando de existir para tristeza de los sucesores de Cacho Bochinche.

Otros ejemplos habría para dar, pero lo más incomprensible y contradictorio del proyecto es que junto con su obsesión por regularlo todo insta a los medios a elaborar por su cuenta los códigos de autorregulación (que es lo más acertado). ¿En qué quedamos? ¿Se autorregulan los medios o los regula el Estado con una ley que puede convertirse en “mordaza”?

 

El País, 01 de junio de 2013 – Antonio Mercader

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