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Una pequeña historia de periodismo

Cuando el trabajo cotidiano es motivo de orgullo.

Más allá de los peros que puede despertar la forma de hacer periodismo de Jorge Lanata y las razones que lo llevan a emprender una especie de cruzada contra el gobierno de su país (tenemos demasiadas batallas cotidianas como para meternos en guerra ajena), en una entrevista con El Observador el periodista argentino dijo que parte de la investigación que hizo su equipo del programa Periodismo para todos detectó que una presunta red de lavado de dinero había adquirido “un campo” en Uruguay.

¿Lo de la presunta red de lavado de dinero es un invento de Lanata? No lo sabe nadie aún, pero es un hecho que la Justicia argentina está indagando varias causas que implican al empresario santacruceño Lázaro Báez, a quien el expresidente Néstor Kirchner concedió obras por cientos de millones de dólares de obra pública, dinero que sería el que “iba y venía” y que, según uno de los imputados, quedo en forma de un campo en Uruguay.

¿Era cierto o no que todos estos hombres poderosos investigados en su país por lavado de dinero habían comprado un campo en Uruguay? No se sabía. Había una historia para indagar y luego contar. Periodismo.

A esta historia se la podrá tildar o darle el carácter o la trascendencia que cada mirada le imponga; incluso, luego de determinar que sí hay una historia, se podrá decidir no contarla por mil razones; eso es una cosa, pero otra es concluir que allí no había una historia digna de ser contada.

Como aquí entendimos que había una historia que contar a nuestros lectores, un equipo de periodistas de El Observador se puso a trabajar sobre esa pista del campo y uno de los datos que obtuvo fue que había sido adquirido por una sociedad anónima que en febrero de 2012 tenía    US$ 76.000 y un mes después poseía los US$ 14 millones que costó el campo El Entrevero y cuyo presidente era Maximiliano Acosta.

De entre 40 millones de argentinos, quien figuraba como comprador del campo era socio (y testigo de casamiento) de Leonardo Fariña, el presunto valijero de Lázaro Báez, a quien Lanata había hecho una cámara oculta durante la que había admitido la compra de un campo en José Ignacio.

“La famosa compra al lote de Uruguay, si vos vas al registro, el titular es Pérez Gadín, son tan enfermos que hacen eso (…) Son tan ignorantes que lo pusieron a título personal del tipo y lo podés chequear en cualquier registro público”, dijo Fariña a Lanata, en alusión al principal contador de Lázaro Báez.

El propio Fariña estaba dando la pista de cómo proceder si se quería saber más: nosotros, dijo, con ese dinero que está en cuestión en Argentina, fuimos y compramos un campo y en los registros públicos figura uno de los nuestros.

Un grupo de periodistas de El Observador, en general jóvenes, desconocidos para “el gran público”, que no salen en TV ni son entrevistados por entrevistadores, simples periodistas, trabajaron callada y rigurosamente. Mientras algunos corruptos acusaban al diario de actuar con intencionalidad, otros que nunca investigan nada reclamaban investigar todo y los que investigan todo ahora decidieron no investigar nada, estos periodistas hablaban con escribanos, con abogados, hurgaban en los registros, pedían a funcionarios que apuraran la información. Trabajaban para llevarles a los lectores del diario una historia que los lectores desconocían. Periodismo.

Y así se enteraron de que la SA que figuró como promitente compradora del campo y de la que Acosta había sido presidente se llamaba Traline. Rascaron un poco más y se enteraron de que Acosta ya no era más el presidente de Traline y que en su lugar había asumido Oscar Guthux. De entre 40 millones de argentinos, el que sustituyó en Traline al socio del presunto valijero de Lázaro Báez era un exgerente del hotel Alto Calafate, que había pertenecido a Néstor Kirchner y al que también está vinculado Báez. ¿Lo sabían nuestros lectores? Ahora lo saben.

Y los periodistas siguieron rascando, llamando, golpeando puertas. Y supieron por algunas fuentes, hace varios días, que el titular del campo de José Ignacio no era Acosta ni Guthux. De entre 40 millones de argentinos, el que figura  como titular (a través de otra SA) es Daniel Pérez Gadín, el contador de Lázaro Báez. La historia circular los había llevado al principal imputado, Báez.

“Si vos vas al registro, el titular es Pérez Gadín, son tan enfermos que hacen eso (…) Son tan ignorantes que lo pusieron a título personal del tipo y lo podés chequear en cualquier registro público”, había dicho Fariña.

Y   a pesar de que ya habían llegado a través de confesiones de funcionarios hasta el nombre clave –que ya figura en manos del gobierno– los periodistas del diario compraron paciencia y esperaron el resultado de sus gestiones ante los organismos correspondientes para tener, negro sobre blanco, el nombre de Pérez Gadín e informárselo a los lectores con un 100% de certeza. Periodismo.

Ahora será tarea de la Justicia de Uruguay y de Argentina determinar si hubo algo ilícito. En el camino, El Observador contó una historia que dejó una estela de suspicacias y asuntos para analizar: las fragilidades de la ley de lavado, el accionar de las inmobiliarias y los escribanos, los negocios que son una fuente potencial de ilícitos.

En realidad, esta columna tiene un objetivo central y es aprovechar mi puesto en el diario para colar –de forma gratuita y como columna– una solicitada, un agradecimiento a los periodistas del diario, en general jóvenes, en su mayoría anónimos para el “gran público”, que le hicieron honor a este oficio.

O sea, no hicieron otra cosa que lo que debe hacer un periodista: gracias por eso.

 

El Observador, 16 de mayo de 2013 – Gabriel Pereyra

 

 

 

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