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Los medios y el país de las maravillas

Ríase del viejo de la bolsa. Del cuco, las brujas y los ogros. Las historias infantiles tienen un nuevo terror; los medios de comunicación. No se trata de algo nuevo, ni original de Uruguay. 

Se sabe que entre nuestros políticos, sobre todo los “de izquierda”, la originalidad es un bien escaso. Pero lo que carecen en ese punto, no se puede negar que lo compensan en el plano imaginativo.

Un ejemplo de esto fue la conferencia que tuvo lugar en la sede de la Asociación de la Prensa bajo el título de “Medios y Poder”. Los “panelistas” fueron la senadora Constanza Moreira, el sociólogo Rafael Bayce, y el periodista de Brecha

Edison Lanza. Una muestra del pluralismo con que se encaran estos temas en algunos círculos, ya que conociendo en algo las posiciones previas de los expositores, el matiz más grande debe haber sido sobre si tomar agua con o sin gas.

El semanario Voces rescató para la posteridad tan solo el discurso de Moreira, el cual por su peso académico y su arraigo popular, amerita algunos comentarios. La senadora dijo que “los medios no hacen una narración de la política, sino que hacen política”. Pese a lo cual “parece que los medios no deben estar sometidos al imperio de la ley, los derechos o las normas”, y se preguntó “¿están sometidos al escrutinio democrático?”

Al parecer la legisladora no ha tenido tiempo de informarse en forma suficiente sobre la normativa legal uruguaya en la materia. Pero en este país la actividad de los medios está regulada por dos leyes, la 16.099 y la 18.515. Además hay severas normas en el Código Penal y en la Constitución. Sin contar con las disposiciones en materia civil, comunes a otras actividades. De hecho, en Uruguay todos los temas referidos a prensa se tramitan por vía penal, lo cual hace todavía más gravosa su responsabilidad. Una tardecita en un juzgado entre rapiñeros y homicidas hace mucho por aumentar los cuidados de cualquier periodista. Acerca del contralor “democrático”, basta decir que los diarios, las radios y la TV rinden cuentas todos los días ante una audiencia cada vez más exigente y sofisticada a la hora de juzgar.

La senadora sostiene también que los medios crean una realidad paralela y que “la gente no percibe lo que realmente sucede… se la pasan quejando cuando el país anda de maravilla”. “Miro el informativo y veo lo que pasa en el Senado, donde trabajo, y no reconozco lo que los medios me dicen que pasó”. Las palabras de la senadora son síntoma de un flagelo que suele azotar a quienes pasan demasiado tiempo en las altas esferas del poder. A algunos los lleva a decir que “we are fantastic” en medio de la peor crisis en 100 años, y a otros a creer que viven en el país de las maravillas cuando las cifras de asesinatos en barrios de la capital parecen las de alguna favela carioca de hace 10 años.

No contenta con todo esto, Moreira denunció la “pereza” de los periodistas, que siempre tienen ese hábito de entrevistar a los dirigentes de los partidos en vez de a “las voces alternativas y mucho menos a los silenciados”. Y culmina afirmando categóricamente que “yo soy de las que creen que hay que regular los contenidos de lo que se transmite”.

La cuestión que Moreira no parece entender es que en una democracia, no se entrevista al líder de un partido porque sea poderoso. Sino porque es el representante de miles de ciudadanos que lo eligieron para ser su voz en las cosas públicas. Y porque se supone que tiene formación y capacidad de estudio para hablar de los temas. Y sobre la realidad paralela que supuestamente crean los medios, ¿quién puede creer que un canal o un diario le puede imponer a la gente una realidad que choca de frente con lo que ve día a día en la calle? ¿Es que los ciudadanos son tontos que se dejan embaucar tan fácilmente? Si es tan implacable el poder de los medios en manos de “la derecha”, ¿cómo salió presidente una figura como Mujica? ¿Se les escapó?

Una cosa son los medios y otra son los fines. Por ejemplo, a los niños se les habla del cuco o del viejo de la bolsa, para lograr que coman o se duerman. En este caso, el fin de quienes convierten a la prensa en un ogro maquiavélico que necesita ser controlado y dirigido es claro. Obligarlos a retratar un país de maravilla que, lamentablemente, está muy lejos de la realidad de hoy. Por suerte, los ciudadanos suelen darse cuenta de quienes desprecian su inteligencia y los quieren manipular. Basta esperar hasta la siguiente elección.

 

El País, 02 de mayo de 2013 – Editorial

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