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Ley de medios: qué ingratitud

El gobierno anuncia que este viernes enviará al Parlamento un proyecto de ley para regular la actividad de los medios de comunicación. Según la información brindada en las últimas horas, este proyecto tendrá nada menos que alrededor de 185 artículos. Ya con ese adelanto, da para generar las consiguientes alarmas.

Para reafirmar la preocupación nos enteramos que fuentes del Frente Líber Seregni abrieron el paraguas y adelantaron que no acompañarán un proyecto con contenidos similares a los que posee la normativa aprobada en Argentina. Buena señal, por un lado, en la medida que los sectores moderados del Frente Amplio marcan límites a su eventual apoyo; pésima señal por el otro lado en la medida que tanta prevención podría estar vinculada al conocimiento previo de los contenidos de la iniciativa.

Lo cierto es que el MPP anunció el sábado pasado que esta norma proyectada es una de sus prioridades legislativas en lo que resta del actual período de gobierno.

Es curioso porque quedó muy atrás la respuesta categórica del Presidente Mujica cuando dijo que si le acercaban un proyecto de ley para regular los medios de comunicación, “lo echaría a la papelera”.

Este es un tema muy preocupante porque está directamente vinculado a la calidad y la profundidad de la democracia. Un indicador tan fuerte como el propio criterio de la regla electoral para establecer los parámetros que miden la democracia de un país es la libertad de expresión, el pluralismo y la total libertad de los medios de comunicación.

Por lo tanto, cualquier norma que regule la actividad de los medios de comunicación debe ser extremadamente cuidadosa de no afectar libertades y garantías que están en la base del funcionamiento de una sociedad democrática. Si una norma, además, contiene centenares de artículos, las prevenciones aumentan sustantivamente en la medida que presuponen una red de regulaciones extremadamente compleja y muy posiblemente minuciosa, por lo que la posibilidad de que este tipo de regulación esconda limitaciones significativas, es seguramente mayor. No hay que olvidar, en este sentido, que el propio Presidente también dijo en su momento que no había mejor ley de medios que la que no existe.

Como en tantas otras cosas, la máxima que orienta el accionar del Presidente, lejos de ser su consigna de campaña “el Pepe tal cual es”, por el contrario consiste en reafirmar su sinuosa y célebre frase “como te digo una cosa, te digo la otra”.

Vamos a esperar a conocer los contenidos para fijar una opinión definitiva sobre el punto, pero “cuando el río suena, agua trae”.

De todos modos, y mientras tanto, hay que señalar que el Presidente está demostrando una enorme ingratitud hacia los medios de comunicación, porque contra toda la “ideología dominante” que ha vendido en su discurso la izquierda tradicional frenteamplista, el gran favorecido de la actividad mediática, al punto de haber sido uno de los más poderosos factores que lo llevó a la Presidencia, ha sido justamente su presencia mediática.

El personaje de “el Pepe”, clave de su éxito electoral y de su popularidad, es más que nada una enorme construcción de imagen política proyectada y multiplicada a través de un enorme eco mediático. No hay que olvidar que uno de los famosos canales, que supuestamente están al servicio de la “oligarquía”, cuando la figura de Mujica era simplemente un legislador pintoresco, le otorgó un programa especial en horario central, fuera de toda la grilla corriente, dirigido a promover y glorificar la figura del Pepe Mujica.

La presencia del actual presidente en los informativos de horario central de la televisión uruguaya, no ahora que es Presidente, sino cuando ni siquiera el Frente Amplio había ganado el gobierno, fue sin duda avasallante y seguramente de las más frecuentes durante largos años en nuestras pantallas de televisión.
El colmo de esta situación ocurrió en una de las ediciones centrales de un informativo de uno de los canales privados en la que llegamos a contar tres notas diferentes con declaraciones del mismo Mujica sobre diferentes temas en una hora de informativo.

El actual presidente fue y sigue siendo, sin dudarlo, el “niño mimado” de los medios de comunicación. Por supuesto que porque sus declaraciones (en su forma y muchas veces en su contenido) muy frecuentemente tienen “jugo”. Pero lo que a muchos cuesta enormemente aparecer en los medios de comunicación más importantes, para Mujica era y es “pan comido” (como él mismo diría).

Es más, las mediciones de notas y reportajes televisivos realizados por los canales privados durante la campaña electoral de 2009 indicaron que el espacio dedicado a cada una de las fórmulas presidenciales mantenía una exacta proporción con los votos obtenidos por cada uno de los partidos. Es decir que casi la mitad del tiempo periodístico (no publicitario) asignado por los canales de televisión a reportajes o notas políticas fue dedicado a la fórmula presidencial del Frente Amplio.

No sé de qué se quejan. No sé por qué desde hace años tenemos que escuchar la cantinela, parte de la lógica ideológica de la izquierda tradicional con aspiraciones hegemónicas, de que los medios hacen el juego a la burguesía y perjudican a los partidos representantes de los intereses populares. Nada de eso se constata en un análisis neutral y objetivo de las políticas seguidas por los medios de comunicación en la cobertura periodística cotidiana.

Sin embargo, cuando se anuncia que se enviará al Parlamento un proyecto de ley de medios de casi doscientos artículos y se contempla un panorama terriblemente negativo en los países de la región que han avanzado en legislaciones recientes sobre estos temas con perfiles absolutamente excluyentes y de corte autoritario, no podemos hacer otra cosa que preocuparnos y prepararnos para defender el pluralismo, la tolerancia y la libertad de expresión.

Es por lo menos curioso que el Presidente envíe esta norma al Parlamento después de haber pasado todo el mes de abril recordando las Instrucciones del año XIII, las que en uno de sus apartados señala con contundencia en su artículo 3: “Promoverá la libertad civil y religiosa en toda su extensión imaginable.” Seguramente será otra de las flagrantes y frecuentes contradicciones e incoherencias a las que cada vez nos acostumbra más el Presidente de la República.

 

Montevideo Portal, 08 de mayo de 2013

 

 

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