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Larrañaga reclama participación en la ley de medios

El senador blanco aseguró que sin “pluralidad” en la discusión, se hará una “norma anacrónica”.

El senador del Partido Nacional, Jorge Larrañaga, reclamó este lunes, en una carta pública, una “amplia participación política” en la propuesta del gobierno de regular los medios masivos de comunicación.

“Sin una garantía de pluralidad en su discusión y formulación, se estaría haciendo nacer una norma anacrónica, y, sobre todo, perjudicial para la calidad democrática de la vida nacional”, dijo el legislador nacionalista.

Para Larrañaga es importante “proteger a los empresarios y trabajadores nacionales”, en un área con “riesgo económico” y enfrentando “una competencia totalmente desigual con los grandes conglomerados internacionales”.

“La salvaguarda del trabajo nacional, compatible con la pluralidad, la libertad y la accesibilidad en la información y los datos, no puede sino surgir de un debate amplio y justo, sin ojos vendados, sin resabios ideológicos, y sobre todo, sin excluidos”, puntualizó.

El texto, que tiene unos 185 artículos, fue discutido durante casi dos años y finalmente llegará al Poder Legislativo en las próximas horas. Primero hubo una consulta popular. Luego la redactó el Ministerio de Industria. Y en los últimos días un equipo integrado por el prosecretario Diego Cánepa, el ministro Roberto Kreimerman y el subsecretario Edgardo Ortuño (Industria) terminaron de afinarla con las correcciones ordenadas por el presidente José Mujica.

 

La carta completa

Ley de Medios
En Comunicación, todo lo que se haga sin, o contra una parte de los uruguayos nacerá mal hecho y condenado a la mediocridad y sin sustentabilidad ni en el tiempo ni en su calidad científica y tecnológica.

Se debe legislar para el Siglo XXI y no para el siglo XX. Los parámetros evolucionan a nuevas velocidades, y no se puede congelar el avance tecno-científico.

La propuesta a “tapas cerradas” de una ley de medios es un error, nada puede prosperar sin la amplia participación de los representantes de los partidos políticos, depositarios de la soberanía nacional. Hay un mandato constitucional que consagra esa libertad y restringirla en base al interés nacional, reclama un debate nacional.

La ideologización en este terreno es un viejo “tic” sesentista que se niega a reconocer que el mundo ha cambiado en las telecomunicaciones, y ha cambiado para siempre.

La batalla más importante, luego del avasallante surgimiento de internet y su popularización a través de los más diversos medios es por los CONTENIDOS, si nos aplicamos a buscar las revanchas contra el pasado dejaremos definitivamente el futuro en manos de cualquier sociedad menos de la nuestra.

Si hay un “asunto de Estado” por definición es este, así lo hemos demostrado en los hechos en el pasado reciente con nuestra actitud.

El diálogo, si se hace con voluntad recepticia, contribuye a la calidad normativa que nazca, dándole legitimidad política al más político de lso derechos: acceder a la información, sin la cual el ciudadano se vuelve un mero súbdito. No nos podemos permitir caer en un oscurantismo medieval en plena revolución de la información.

Estamos corriendo el riesgo de caer en manos de fundamentalistas que por ganar una batalla no les importa perder la guerra, pero la guerra la perdemos todos los uruguayos.

Pertenecemos a una colectividad política que hace de la libertad su razón de ser, que no puede subordinarse a ninguna revancha de turno, que pone por encima la garantía fundamental que hace nada más y nada menos que al derecho humano a elegir de qué, con quién y de qué modo recibirá información. Ser garantía de la libertad de expresión, de informar y ser informado es un eje neurálgico de nuestra posición.

Por ello plantemos abrir a la más amplia participación política la propuesta del gobierno de regular los medios.

Sin una garantía de pluralidad en su discusión y formulación, se estaría haciendo nacer una norma anacrónica, y, sobre todo, perjudicial para la calidad democrática de la vida nacional.

Hay que proteger a los empresarios y trabajadores nacionales en el rubro de comunicaciones y telecomunicaciones, que vienen afrontando con dedicación, creatividad y riesgo económico una competencia totalmente desigual con los grandes conglomerados internacionales.

La salvaguarda del trabajo nacional, compatible con la pluralidad, la libertad y la accesibilidad en la información y los datos, no puede sino surgir de un debate amplio y justo, sin ojos vendados, sin resabios ideológicos, y sobre todo, sin excluidos.

 

El Observador, 14 de mayo de 2013

 

 

 

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