/ La Diaria / Es bueno discutir

Es bueno discutir

Astori habla de la situación del FA, la relación con Argentina, la autogestión y el cambio asociado con las inversiones extranjeras.
[También Astori, habla del Proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que destacamos primero de la nota por ser nuestro tema de interés]

El Recuadro:

Punto por punto

*Proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual* “Creo que debería aprobarse en este período. No creo en la regulación de contenidos, pero sí que Uruguay no puede caracterizarse como un país que hasta ahora haya hecho esfuerzos importantes por tener reglas de juego claras y transparentes en esta materia. En el pasado estamos llenos de ejemplos de decisiones absolutamente arbitrarias: pago de favores, clientelismo abierto. Y en materia de medios eso es muy grave. Entonces me parece formidable que el FA sea la primera fuerza política que desde el gobierno esté apuntando a democratizar el acceso y el uso de los medios de comunicación”.

*Proyecto de regulación de la marihuana* “Ojalá se apruebe en este período, porque estoy a favor”.

*Presentación de Tabaré Vázquez del libro sobre su veto* “Entra dentro de la libertad y el respeto que tenemos que concederles a todos los que estiman necesario dar a conocer una propuesta, en este caso humanamente muy sensible, y sobre todo, a un compañero como Tabaré Vázquez”.

*Principal apuesta de cara a un tercer gobierno* “El desarrollo de capacidades físicas -infraestructura-, humanas -educación y seguridad pública- e institucionales -reforma del Estado-”.

===============

El vicepresidente Danilo Astori entiende que la composición del gabinete ministerial no ha ocasionado grandes dificultades al gobierno, aunque opina que en la interna de los ministerios es bueno que exista “la mayor afinidad posible”. Reafirmó que la relación con Argentina es “mala”, pero advirtió que esto no implica “negarse a negociar”. Además, discrepó con el análisis de la CEPAL, que en su último informe concluyó que las inversiones extranjeras directas que han llegado al país no han contribuido a la transformación productiva. “Es un análisis bastante superficial”, opinó.

-El presidente José Mujica ha utilizado el criterio de los equilibrios sectoriales en la conformación del gabinete. ¿Fue un criterio adecuado?

-El gobierno ha tenido dificultades. Hemos tenido discrepancias, las hemos discutido. A mi juicio, ninguna de ellas tuvo la magnitud necesaria para ser un problema grave. Fueron todas diferencias en el plano instrumental, mucho más que en el plano de los valores, de los objetivos, del rumbo. Ahora, yo no creo que la causa de esas dificultades haya sido los criterios para conformar el gabinete. Sinceramente creo que no. Obedecieron mucho más a la propia condición que tenemos los frenteamplistas de tener un programa común pero discutir puntos de vista distintos.

-En el gobierno de Tabaré Vázquez había un equipo en el Ministerio de Economía y Finanzas que compartía una misma visión. En el de Mujica, se optó por equilibrar visiones distintas. ¿Es preferible un equipo ministerial en el que las visiones sobre el rumbo sean similares, o que haya visiones distintas para poder “compensar”?

-Siempre es preferible lo primero, obviamente. Lograr la mayor afinidad posible. Por supuesto que yo parto de la base de que es potestad del presidente designar y dejar sin efecto a quienes integran su gabinete, y eso es indiscutible. Lo digo por las dudas. Fueron criterios distintos los que emplearon Tabaré Vázquez y José Mujica para conformar el gabinete, pero también fueron momentos distintos. Protagonismo de los sectores hubo en los dos gobiernos, sólo que Tabaré optó por lo que podemos considerar las primeras figuras y prácticamente conformó una especie de mesa política. Pero había que ver en qué país estábamos, las dificultades tremendas que teníamos y la importancia de que hubiera una sintonía total entre el gabinete, el Frente Amplio [FA] y la militancia. En cambio, Mujica empieza a gobernar un país que ya viene con una experiencia realizada y resuelve -a mi juicio correctamente- conformar un gabinete en el que pueda equilibrar capacidades con pertenencias sectoriales.

-¿Este gobierno ha subestimado la importancia de la idoneidad técnica a la hora de designar a sus cuadros?

-No, no lo creo, y puedo poner ejemplos en el sentido contrario. Empiezo por Fernando Lorenzo. Fernando es un profesional extraordinariamente solvente. Sigo por Tabaré Aguerre. Sinceramente no conocí nunca un ministro de Agricultura como Tabaré Aguerre desde el punto de vista del conocimiento técnico. Yo trabajé con Wilson y ésa fue una de las grandes fortunas de mi vida. Pero Wilson se destacaba, más que como ministro de Agricultura, como gran líder político. Trascendía las fronteras del ministerio. Yo tenía 23 años cuando trabajé con Wilson Ferreira Aldunate y la verdad es que esa influencia que tuve de él no fue sobre temas agropecuarios, fue sobre temas políticos en general. Para no remitirnos a los ministros, podemos irnos a cuadros de gobierno en las empresas públicas. Carolina Cosse es una persona con gran solvencia en telecomunicaciones. No quiero hacer omisiones odiosas, pero yo no creo que se haya abandonado, ni mucho menos, el criterio de solvencia técnica.

-¿Cómo cree que puede leerse en la interna del FA el respaldo de su sector a Aguerre, teniendo en cuenta el rechazo que ha generado el ministro en algunos sectores del Movimiento de Participación Popular?

-Mujica lo respalda a muerte a Aguerre. Fue Mujica el que lo trajo. Aguerre es un gran hallazgo de Mujica. Porque lo conocía de antes, porque trató con él, porque se dio cuenta.

-El ministro de Desarrollo Social, Daniel Olesker, ha marcado diferencias públicamente con el actual “modelo” en materia de política económica.

-Él plantea temas que es bueno discutir. Con sus últimas posturas hemos tenido discrepancias. Nos conocemos hace mucho tiempo, sabemos cómo pensamos y cómo argumentamos. No hay que cercenar a ningún miembro del gobierno la posibilidad de plantear ideas. Se podrá estar de acuerdo o no, pero, nuevamente, creo que acá no tenemos un problema de rumbo fundamental. Él cree que algunas herramientas tienen menos capacidad de dar resultados que lo que creemos nosotros.

-Pero cree que el actual modelo está agotado.

-Él usó esa palabra, tiene derecho a hacerlo. A mí no me gusta, porque la palabra “modelo” es como si vos tuvieras siempre la receta para actuar frente a determinadas situaciones, y nosotros, incluido Olesker, no trabajamos así. Vamos buscando y vamos avanzando.

-¿Por qué cree que tan a menudo actores diversos dentro del FA cuestionan la política económica?

-Porque los frenteamplistas somos así, y no está mal que lo seamos. Actuando con lealtad, discutir está bien. Por supuesto, intentando siempre actuar con claridad, con certezas. En lo que tenemos unanimidad es en lo que queremos hacer, que es transformar a nuestro país en uno con justicia social e igualdad de derechos. La economía es un área muy sensible, obviamente, por lo tanto muy atractiva para discutir.

-¿Cree que hubo cierta ingenuidad en algunas ocasiones por parte del Frente Liber Seregni en su manejo político en la interna del FA?

-Nosotros no desconocemos la realidad del FA y sabemos que el FA necesita cada vez más democracia y que a veces estructuras no representativas del pueblo frenteamplista terminan decidiendo. Por eso le dimos mucha importancia a la última elección, en la que hubo grandes novedades. Por primera vez elegimos a nuestras autoridades por voto secreto. Es un primer paso. Creemos que hay mucho campo que recorrer para acercar la estructura del FA a la voluntad del pueblo frenteamplista. Yo no sé si hemos actuado con ingenuidad. Creo que no, porque conocemos perfectamente la realidad del partido y sabemos qué es lo que quisiéramos para él.

-En algunos momentos en la relación con Argentina, ¿se debió ser más “firmes”, como reclama la oposición?

-Creo que Uruguay hizo lo que tenía que hacer: conversar, dialogar. En esto también podemos destacar funcionarios de mucha solvencia que llevaron adelante estas negociaciones. No había otro camino para Uruguay, lo sigo creyendo ahora, a pesar de que evalúo como muy mala la situación en la que estamos. Algunos creen que considerar mala la situación es negarse a negociar, y es exactamente al revés. Es reconocer que estamos mal y seguir trabajando para mejorar.

-El canciller argentino, Héctor Timerman, lo acusó de hacer política doméstica.

-Más vale no hacer comentarios al respecto. Obviamente no hago política doméstica, estoy pensando en que las relaciones de Uruguay con Argentina no están bien, los resultados no son buenos y hay que seguir conversando.

-¿Cómo evalúa la efectividad de la política monetaria para controlar la inflación?

-La efectividad ha sido creciente. En un país con alta dolarización como era Uruguay hasta hace muy poco tiempo las medidas de políticas monetarias locales, siendo tan importante la circulación de otra moneda que no controlamos, perdían mucha eficacia. En la medida en que el país se ha venido desdolarizando, desde todos los puntos de vista -operaciones bancarias, deudas-, esa eficacia ha venido creciendo. Las decisiones que se están tomando en materia de tasas de interés y encajes bancarios realmente influyen sobre las operaciones de los bancos, que es lo que se pretende. Al mismo tiempo, ya llevamos cuatro meses consecutivos de caída de la inflación interanual, lo cual demuestra que no es la única, pero sí que esta medida está logrando efectos.

-Si la política salarial explica entre 30% y 40% de la inflación, ¿por qué el gobierno no promueve una política de concertación con los sindicatos y los empresarios para bajarla?

-Es que la negociación colectiva es el escenario que el Estado y el gobierno prefieren para encarar con equilibrio este tema. Nosotros no podemos satanizar los salarios cuando explicamos la inflación, no sería justo. Tampoco podemos decir que no importan. Entonces, el escenario equilibrado o equitativo para analizar este tema junto con otras condiciones laborales es precisamente el que tenemos, la negociación colectiva tripartita, en la que están presentes los intereses de trabajadores, empresarios y el Estado, que es el que diseña la política pública. Hasta ahora las cosas han funcionado bastante bien, porque ha predominado el acuerdo. Es un tema en el cual hay que tener mucho cuidado; el límite entre hacer un análisis equitativo y pasar a decir que los salarios tienen la culpa de la inflación es muy delgado. Sobre todo hay sectores de la sociedad proclives a acusar a los salarios de la inflación y, por lo tanto, hay que encararlo con prudencia. Pero también hacer saber que la discusión salarial importa, no es que no importe tenerlo en cuenta cuando hay que combatir las presiones inflacionarias.

-¿Es posible alinear el crecimiento de los salarios y la productividad, cuando para los trabajadores es difícil conocer los datos de productividad de las empresas? ¿Ha pensado el gobierno en transparentar esas cifras?

-Ante todo una aclaración: no creo que debamos hablar de alineación de los salarios con los resultados de la empresa. Creo que sí deberíamos trabajar por la convergencia de los salarios con la productividad, que no es lo mismo. Pero es bueno señalar que uno de los pilares fundamentales de una negociación equitativa es la transparencia en la información. También hay que trabajar para lograr eso, porque si queremos opacidad en la medición de la productividad, por ejemplo, y a la vez una convergencia de los salarios con la productividad, no vamos a estar en condiciones muy justas de trabajo.

-¿Hay chances de que el gobierno establezca algún tipo de obligación a las empresas en ese sentido?

-Hay chances de que lo promueva y que defienda esa protección de la transparencia. El Ministerio de Trabajo y Seguridad Social ha estado trabajando con ese objetivo, entre otros. No tengo duda de que es un objetivo de la negociación para el Estado.

-Este gobierno ha impulsado las empresas recuperadas y herramientas como el Fondo de Desarrollo [Fondes]. ¿La política económica tiene algún papel para jugar en ese campo?

-Es fundamental. Yo creo que lo ha tenido. El Fondes no existiría si no tuviéramos un Banco República con los resultados que ha tenido hasta ahora, y esos resultados están asociados a la política económica que se ha venido practicando. Son resultados que el banco nunca tuvo en su vida y es lo que permite tener un fondo potente, que es la base de arranque de todas las experiencias autogestionarias. Entonces tiene muchísimo que ver con las políticas económicas. Si miramos hacia adelante, también va a tener que ver, porque serán medidas de políticas económicas las que contribuirán, en muchos casos, a apuntalar los resultados de empresas de este tipo; por ejemplo, cuando se establezcan medidas de estímulo a la inversión, a la exportación, a la innovación, a la incorporación de tecnologías. Eso vale también para las autogestionadas. Ahora más que antes, porque uno de los criterios que se cambió recientemente a los estímulos que concede la Ley de Inversiones es el de apoyar a las pequeñas y medianas empresas, y todas las autogestionadas entrarían en ese rango.

-Mujica hace mucho hincapié en la autogestión, pero hay sectores del FA que no muestran ese mismo entusiasmo. ¿Cuál es su posición?

-Tengo exactamente la misma visión que Mujica y agrego lo siguiente: yo lo veo como el camino más factible para encontrar nuevas formas de acceso a la propiedad y explotación de los medios de producción. No creo en una búsqueda estatal, creo en una búsqueda privada, por decirlo de alguna manera. Las búsquedas estatales han sido coronadas por el fracaso en el mundo; no me refiero a Uruguay. Los cambios más importantes que vamos a poder estimular para dar un salto cualitativo en materia de producción van a ser en el sector privado. Y estas experiencias, que se están -por suerte- multiplicando en varios sectores de la economía, son para mí las primeras señales de que esto es posible. Así que pienso exactamente igual.

-En el turismo, la devaluación argentina ya está operativa, porque la referencia de tipo de cambio es el blue. Entonces todo parece indicar que las variables asociadas a esta industria sufrirán un fuerte deterioro en la temporada que viene. ¿Comparte esta visión?

-El llamado dólar blue es una devaluación en la práctica, en los hechos. No es que se haya tomado una decisión de devaluar, pero la devaluación está en la cotización relativa de las monedas argentina y uruguaya, sin dudas. Esa devaluación es una modificación de precios relativos que perjudica a Uruguay, como es obvio. Los productos uruguayos se encarecen y los argentinos se abaratan, lo que unido a las trabas comerciales y no comerciales, arancelarias y no arancelarias que se han venido practicando últimamente, ponen a Uruguay en una difícil situación respecto de Argentina. Eso puede notarse -aunque no de una forma alarmante hasta ahora- en un descenso de la visita de argentinos a Uruguay y en un descenso por los ingresos que genera ese turismo receptivo. También puede significar un incremento del “turismo emisivo” en personas y en dinero; eso es lo que están revelando las cifras del primer trimestre de 2013. No son proporciones alarmantes, pero es una evolución que no es favorable para Uruguay.

-El martes la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) publicó un informe sobre la inversión extranjera directa (IED) en América Latina, en el que estima que ésta se multiplicó por tres en la región, y en términos relativos Uruguay recibió más que otros países. Sin embargo, advierte que no contribuyó a una transformación de la estructura productiva, no generó nuevos sectores ni actividades de alto contenido tecnológico (ver http://ladiaria.com.uy/articulo/2013/5/vieja-historia/). ¿Por qué cree que esto está pasando?

-En el caso de Uruguay, no estoy de acuerdo con esto, porque aunque haya llegado un volumen importante de IED a sectores como el agropecuario, que se basa en recursos naturales renovables, supuso en casi todos los casos una incorporación notable de tecnología y, asimismo, modificó la composición de ese valor agregado. Hoy los sectores que han recibido IED tienen una composición tecnológica totalmente distinta a la del pasado: hoy tenemos una ganadería trazable, una agricultura con siembra directa, hemos alcanzado niveles de productividad desconocidos en la historia del país, junto con prácticas de uso y manejo de los recursos naturales muy distintas. No podemos limitarnos a ver a qué sector viene [la IED], tenemos que analizar además con qué tecnología de producción desarrolla su proceso, y eso es lo que ha cambiado. Otro ejemplo notable, en el caso de Uruguay, es la IED que llega al sector del papel y la celulosa, un cambio importante en la estructura de producción. Asimismo, en el sector de los servicios globales la IED es casi exclusivamente en tecnología. Uruguay es hoy un país líder en materia de tecnología de información en América Latina. Por eso no puedo estar de acuerdo con ese análisis bastante superficial que hace la CEPAL, al menos en el caso de Uruguay.

-¿Es aplicable en el caso de Uruguay un régimen impositivo que frene o desestimule la concentración de la tierra?

-Acabamos de aprobar un impuesto que está destinado no sólo a eso pero sí en parte a desestimular la concentración en la propiedad de la tierra. Haremos la experiencia y veremos si es por este camino o es por otro. Hay que tener en cuenta también el tema de la escala: hay muchas producciones que necesitan escala, entonces la concentración de la tierra también hay que analizarla a la luz de la estructura productiva, no como un concepto absolutamente malo ni tampoco absolutamente bueno, sino como uno que tenemos que relacionar con las tecnologías de producción.

 

La Diaria, 16 de mayo de 2013 – Andrés Prieto / Natalia Uval

 

 

Comments are disabled

Comments are closed.