/ todo / Algo mejor que una Ley: Otro enfoque al polémico tema de la regulación de los medios de difusión

Algo mejor que una Ley: Otro enfoque al polémico tema de la regulación de los medios de difusión

Como seguramente le pasa a muchos uruguayos, me preocupa la manipulación tendenciosa que se observa en los “grandes medios”, especialmente la tv, la radio y la prensa capitalina, pues lo que ocurre en el interior, felizmente es capítulo aparte. Pero ¿qué puede ser mejor que discutir un proyecto de Ley para combatir esos abusos?

En mi modesta opinión, hay una tarea que no puede postergarse, porque la democracia y la libertad están en juego. Es una obligación moral que tiene la nación con sus hijos, un compromiso ineludible e inherente a su condición de república. Es un deber fundamental que -tengo la sensación- está deliberadamente descuidado, estratégica y convenientemente desestimulado.

Para no parecer misterioso, lo diré sin más rodeos: mejor que una Ley de medios, es promover el pensamiento crítico, la evaluación y clasificación personal de lo que ofrecen los medios por parte de cada ciudadano, para que la actitud acrítica y pasiva -que es la respuesta mayoritaria- sea sustituida por criterios de selectividad que le permitan al receptor del mensaje, separar lo que es información, de lo que es prédica tendenciosa.

Creo que nuestra sociedad necesita evolucionar en su capacidad de interpretación de las palabras e imágenes que la bombardean desde los medios. Por eso, me gustaría que antes de hablar de regulación legal, hablemos de promover el pensamiento crítico y la independencia intelectual. Es más: estimo que si lográramos esa evolución, naturalmente se daría una regulación, porque los medios se verían obligados a ofrecer un menú mucho más sano, pues no tendrían público que consumiera la chatarra que hoy se consume con el consiguiente daño social, reflejado en crecientes dificultades de relacionamiento y en formas cada vez más violentas de resolver los conflictos.

LAS NOTICIAS

Lo deseable sería que el receptor del mensaje noticioso, desarrollara en su propia mente un dispositivo capaz de filtrar lo que le agrega el mensajero y pudiera decodificarlo separando datos objetivos de intenciones políticas. Que pudiera percibir el sabor del condimento que le pone el informante a su producto, que nunca es insípido, porque es imposible informar sin echar mano a la sal, la pimienta, el adobo, y demás especies que le dan a un texto de prensa, la presentación de una noticia, o la entrada de un móvil en un informativo, el gusto que le quiere dar el responsable de esa emisión.

La regulación natural del trabajo periodístico se daría si todo lector u oyente se preguntara al leer o escuchar una noticia: ¿quién lo dice? ¿por qué lo dice? ¿cómo lo dice? y tan importante como todo eso, se preguntara además: ¿qué es lo que no dice?

¿FORMADORES DE OPINIÓN?

Discrepo con ese concepto: los medios no deben ser aceptados como formadores de opinión. Deben solamente aportar insumos, pues la opinión se la debe formar cada ciudadano. Para que el público pueda realizar ese saludable ejercicio de análisis, que desemboca en la postura que cada quien decida adoptar ante los diferentes temas, sería muy útil que la población desarrollara desde edad temprana lo que se ha dado en llamar “espíritu crítico”, para que cuando llegue a la adultez, tenga incorporado el “filtro” de tal modo que la radio, la tv o la prensa, no puedan ser utilizadas tan fácilmente como instrumentos de dominación, que inducen a la resignación o alimentan la disconformidad, para favorecer intereses políticos encubiertos.

Para ello habría que empezar por educar para la libertad de pensamiento en las aulas de las escuelas, donde lamentablemente, creo que por ahora se educa para todo lo contrario. Y ahí opino que está la clave: si queremos medios al servicio de la libertad, tenemos que producir ciudadanos que sepan exigirlo. Con un público calificado y selectivo, los productos perniciosos no prosperarían, los directores de medios se verían obligados a moderarse en sus roles de operadores políticos.

Es fundamental que la población comprenda que el medio siempre recorta la realidad según su criterio. Al decidir qué noticias se dan y qué noticias se desechan, o qué noticia encabeza un informativo y que noticia se deja de relleno, el medio está ejerciendo un poder que el público debería percibir. Si por el contrario, quien escucha los informativos o lee la prensa cree que ese recorte es la realidad, si no cuestiona la elaboración del producto que se le ofrece, está cayendo en el error de dejar que otros piensen por él, que los medios decidan por él.

LA EDUCACIÓN ES LA CLAVE

En resumen, consciente de que el tema es apasionante por la variedad de aspectos que se deben tener en cuenta, absolutamente imposibles de abarcar en esta nota, y sin la intención de dar el problema por resuelto con estas pocas líneas, digo que es más urgente promover la independencia intelectual en los programas de nuestro sistema educativo, que discutir sobre los límites que sería deseable ponerle al ejercicio de la libertad de expresión para beneficio de la población en general.

Y en tal sentido no puedo dejar de lamentar la decadencia de la educación en nuestro querido país. Hemos retrocedido, se enfatiza demasiado en aspectos tecnológicos y se descuidan los valores éticos esenciales. Se simplifica demasiado como si el único objetivo de la educación fuera preparar mano de obra para satisfacer la demanda del mercado. La educación pública gratuita se va rezagando rápidamente mientras crece el negocio de vender educación, ampliando la brecha entre los que la pueden pagar y los que no. El país ya está divido entre una educación para pudientes y otra para carenciados, pero ninguna de las dos están orientadas a promover el pensamiento crítico, están claramente diseñadas para reclutar miembros para la sociedad de consumo, salvo honrosas excepciones que en general responden más a esfuerzos personales que a lineamientos institucionales.

No descarto que por vía legislativa se intente poner coto a algunos abusos que se hacen en nombre de la libertad de expresión, especialmente respecto a la discrecionalidad con que hasta ahora se entregan ondas a permisionarios y el monopolio que tienen algunas empresas favorecidas, pero creo que es más urgente aún fomentar el pensamiento crítico y eso se puede hacer desde el sistema educativo con impacto inmediato en la sociedad, si instrumentamos una educación popular y comunitaria no limitada a niños y adolescentes, sino de puertas abiertas a los vecinos de cada centro educativo.

¡Imaginarlo me llena de entusiasmo! ¡Tenemos que hacerlo!

A todo esto: ¿qué podemos hacer respecto al acoso publicitario que sufrimos a diario desde los medios en la forma de mensajes comerciales? Es un asunto sobre el que mucho se ha dicho, pero que aún está para resolverse. Es un buen tema para un próximo artículo.

 

Prensa en Marcha, 26 de mayo de 2013 – Aníbal Terán Castromán

Comments are disabled

Comments are closed.